El asma es una enfermedad respiratoria crónica que se caracteriza por una hiperreactividad del árbol bronquial, causando un broncoespasmo que impide la respiración normal.
Todo esto proviene de una respuesta exagerada de la mucosa presente en las vías respiratorias ante algunos estímulos como el polen, humo, fármacos y sustancias químicas.
Ante una crisis de asma, la persona tendrá dificultades para respirar e imposibilidad para hablar.
Este es un cuadro grave en el que peligra la vida del paciente. Es por esto que se debe acudir a un centro hospitalario de inmediato. En el caso de tener medicación para las crisis asmáticas, como por ejemplo inhaladores, tomarlos para aliviar el broncoespasmo.
Tras la crisis, el fármaco que normalmente es recetado es el salbutamol, pautado con 2 o 3 inhalaciones cada 4 horas. Otro posible tratamiento son los corticoides orales durante un período corto de tiempo (alrededor de 5 días)
En caso de ser diagnosticado con asma se recomienda llevar siempre el inhalador consigo y no saltarse ninguna de las dosis pautadas.
Son muchas las pruebas para diagnosticar el asma, entre ellas:
- Espirometría
- Medición de óxido nítrico
- Pruebas de imagen
- Prueba de metacolina
- Medición de eosinófilos en esputo
Los tipos de asma se clasifican según su frecuencia. Podemos encontrarlos Asma intermitente-moderada, persistente-leve, persistente-moderada y persistente e intensa. En esta última las crisis se dan durante todo el día.
Aunque es difícil predecir una crisis de asma, existen ciertos factores de riesgo que permitirán al paciente estar alerta. Por ejemplo estar expuesto a humo, olores fuertes, ambientes húmedos o espacios cerrados.
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