24/12/2022

Parásitos: Toxoplasmosis

La toxoplasmosis es una enfermedad que se produce como consecuencia de una infección por Toxoplasma Gondii, un parásito intracelular obligado. Este tiene un ciclo vital complejo en el que el hombre (junto con otros animales como cerdos, aves u ovejas) participa como huésped intermediario; siendo el gato y otros felinos, el huésped definitivo.

Coincidiendo con la primoinfección se produce una fase aguda de la enfermedad, donde la división del parásito es rápida (taquizoitos). En esta se desencadena la activación del sistema inmune que, si es eficaz, conseguirá controlar la infección con la consiguiente formación de quistes que contienen parásitos de división muy lenta (bradizoitos) en los tejidos afectados. Se trata de la fase crónica.

La enfermedad se contrae por la ingesta de carne con quistes con bradizoitos (cordero o cerdo principalmente), aunque también es frecuente la infección con quistes que eliminan los gatos en las heces. Otra posibilidad de contagio son las transfusiones o trasplantes de órganos procedentes de pacientes infectados y la transmisión de madre a hijo durante el embarazo.

Una vez en el interior del organismo, los bradizoitos se transforman en taquizoitos, los cuales penetran fundamentalmente en células del músculo esquelético, corazón, tejido linfático, cerebro, retina y placenta; donde se dividen a gran velocidad y provocan la aparición de los síntomas de la enfermedad. Esta habrá sido controlada una vez que se consigue la transformación de taqui en bradizoito y la aparición de quistes.


Cabe destacar que las personas con SIDA, corticoterapia o linfomas presentan un elevado riesgo de contraer la enfermedad. También han de tener precaución las mujeres embarazadas por las graves afectaciones que esta patología puede producir en el feto.

La sintomatología varía en función de las características del individuo. De este modo, se pueden clasificar a los afectados en cuatro grupos:

  • Sistema inmune intacto. La infección suele ser asintomática y autolimitada. Se caracteriza por la aparición de ganglios en la región cervical, siendo menos frecuente la aparición de febrícula, malestar general y cansancio. Por lo general, remite en unas semanas, excepto en pacientes con adenopatías que puede perdurar varios meses.
  • Inmunosupresión. Corresponde a una infección reactivada. Aparecen síntomas generales y del sistema nervioso central (hemiplejia, hemiparesia, trastornos de la marcha y el equilibrio, etc.).
  • Toxoplasmosis ocular. Normalmente se manifiesta como coriorretinitis y suele ser consecuencia de una infección congénita. Se manifiesta por visión borrosa, dolor ocular y fotofobia.
  • Toxoplasmosis congénita. Se produce a consecuencia de una primoinfección en la mujer embarazada. Puede ser patente en el momento del nacimiento o puede tardar meses e incluso años en presentarse. El bebé corre más riesgo de contraer la enfermedad durante el tercer trimestre del embarazo. Sin embargo, cuanto antes se produzca la infección más grave será el resultado, pues muchas terminan en muerte detal dentro del útero o aborto espontáneo. Los bebés que sobreviven normalmente presentan ictericia, exantema, hepatoesplenomegalia y la característica tétrada de malformaciones (retinocoroiditis bilateral, calcificaciones cerebrales, hidrocefalia o microcefalia y retraso psicomotor). 

Se puede disminuir el riesgo de infección primaria evitando la ingesta de carne poco cocinada, limpiando minuciosamente los utensilios empleados para su manipulación, congelando los alimentos y lavando correctamente las frutas y verduras.

El diagnóstico se basa principalmente en el estudio de los anticuerpos producidos contra el parásito (IgG e IgM) y la detección del mismo. No obstante, el método se debe adaptar al contexto clínico del paciente. En el paciente inmunocompetente es fundamentalmente serológico, mientras que en inmunodeprimido es prioritaria la clínica para instaurar el tratamiento, reservando la biopsia para casos de ineficacia. En los recién nacidos es preciso el aislamiento o la detección del parásito en los tejidos. Por último, en las mujeres gestantes con anticuerpos negativos frente al parásito las se deben buscar pruebas de infección varias veces durante el embarazo si están expuestas a condiciones que aumenten las posibilidades de contagio.

El tratamiento de elección es la combinación de pirimetamina con sulfadiacina, ya que es capaz de controlar la fase aguda de la enfermedad. Esta presenta el inconveniente de que no actúa sobre los quistes. Por ello, frente a estos se emplean los tratamientos con hidroxinaftoquinona (atovacuona) y azitromicina.


Fuentes:

Clínica Universidad de Navarra: Toxoplasmosis
Manual MSD: Toxoplasmosis

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