Las drogas depresoras del Sistema Nervioso Central (SNC) se caracterizan por provocar la relajación, analgesia y la sensación de bienestar de las personas que las consumen. Esto se debe a que inhabilita la acción de determinados neurotransmisores, los cuales son los que se encargan de transmitir el impulso nervioso de una neurona a otra.
A continuación se expondrán una serie de sustancias que son depresoras del SNC:
Alcohol (etanol): se obtiene a partir de la fermentación aeróbica del azúcar de diferentes frutas (uva, ciruela...) y granos (cebada, arroz...). Las bebidas alcohólicas se pueden diferenciar entre bebidas fermentadas, como el vino; y las destiladas, como el ron; teniendo estas últimas un mayor porcentaje de alcohol (mayor de 30º).
El alcohol es una sustancia que es capaz de atravesar la barrera hematoencefálica, por lo que llega al cerebro, y la placentaria, por lo que supone un gran riesgo para el feto ya que puede llegar a desarrollar síndrome alcohólico fetal.
Los efectos del alcohol transcurren en una serie de etapas bien diferenciadas: en primer lugar se experimenta una sensación de bienestar y de risa fácil con una mayor desinhibición; al continuar consumiendo se llega a una especie de sedación con dificultades a la hora de hablar y con una pérdida de reflejos; y por último, se altera la conciencia con una amnesia lacunar y comenzando una serie de dificultades respiratorias que pueden desencadenar en coma y muerte.
El uso de esta droga está ampliamente extendido en la sociedad actual, pues es legal, por lo que hay un mayor riesgo de adicción. Además provoca numerosas patologías crónicas, como es la cirrosis hepática, por lo que provoca una gran afectación de la sociedad. Es importante destacar que las mujeres son más susceptibles a padecer problemas relacionados con el alcohol por una menor producción de la enzima encargada de metabolizarlo.
Benzodiacepinas: constituyen un tratamiento para la ansiedad, actuando sobre el neurotransmisor GABA, el cual se encarga de reducir la activación cortical, con lo que atenúa na acción del Sistema Nervioso Simpático.
Su consumo en dosis elevadas puede inducir al sueño, sin embargo anula las fases del sueño profundo, por lo que no se debe prolongar el consumo ya que la higiene del sueño se vuelve deficiente.
Los efectos secundarios son elevados, entre los que se encuentran: cefaleas, deseo sexual inhibido, temblores o mareos; los que pueden afectar a la calidad de vida de la persona. Sin embargo, la seguridad a la hora de administrar este medicamento está en aumento para evitar el riesgo de adicción.
Heroína: Se obtiene de la morfina y constituye una de las drogas más adictivas que se conocen.
Su consumo suele ser inyectada aunque también puede fumarse e inhalarse, con lo que varía su velocidad de acción y el tiempo que permanece en el organismo.
Esta droga comenzó a comercializarse para los militares que regresaban de la guerra con una fuerte dependencia de la morfina; además, también se recetaba para tratar la tos común y la diarrea, lo que ocasionó que se ilegalizara en los años 60, pasando a ser consumida de forma clandestina e imparable.
Algunos de los efectos secundarios son: sequedad de boca, picor de la piel, enlentecimiento cognitivo y vómitos, entre otros. Sin embargo su síndrome de abstinencia es muy grave llegando a producir: temblores, diarrea incontrolable y una búsqueda desesperada por la droga; por lo que puede ser necesario administrar su agonista parcila, la metadona.
Los efectos a largo plazo de la heroína son: insomnio, pericarditis, estreñimiento y fallo de las funciones renales y hepáticas, entre otros. Además su uso intravenoso está relacionado con la transmisión de VIH y hepatitis, por compartir jeringuillas. Es importante el elevado riesgo que supone de sobredosis, ya sea por la tolerancia o por su mezcla con otras sustancias, como puede ser la cocaína ("speedball").


No hay comentarios:
Publicar un comentario