La enfermedad celíaca
es una patología autoinmune provocada por la ingesta de gluten y prolaminas
relacionadas en individuos genéticamente susceptibles, que desencadena una
reacción que daña la mucosa del intestino y sus vellosidades, impidiendo la
absorción de nutrientes. El gluten es una proteína que se puede encontrar en el
trigo, la cebada, el centeno, la espelta, el triticale y en algunas variedades
de avena.
Los síntomas más
comunes son: pérdida de peso, pérdida de apetito, diarrea, vómitos, fatiga,
distensión abdominal, dolor abdominal, anemia y alteraciones del carácter
(irritabilidad, tristeza, apatía).
En el caso de los
niños, la incapacidad de absorber los nutrientes puede provocar: fallos de
crecimiento, defectos del esmalte dental, pelo frágil, dislexia,
hiperactividad, autismo, etc.
Para diagnosticar la
enfermedad celíaca, primero se observan los síntomas del paciente, la
pertenencia a grupos de riesgo o la existencia de familiares afectados. Después
se realizan pruebas serológicas y genéticas (haplotipos HLA DQ2 y DQ8), para
conocer las probabilidades del paciente de padecer la enfermedad, ya que estas
pruebas por sí solas no confirman la existencia de la misma.
La prueba definitiva
es una biopsia duodenoyeyunal para comprobar la presencia de daños en la
mucosa. Finalmente, se introduce una dieta sin gluten y se realiza un
seguimiento para ver si hay mejoría.
Es necesario que al
menos cuatro de estos marcadores sean positivos para confirmar el
diagnóstico.
Se estima que un 75-80% de pacientes están sin diagnosticar, ya que la celiaquía se ha difundido mayoritariamente en su forma sintomática clásica. Sin embargo, existen otras formas menos comunes de manifestarse, lo que permite distinguir cuatro tipos:
- Sintomática: síntomas generalmente relacionados con el sistema digestivo. Los pacientes muestran una serología, histología y genes compatibles.
- Subclínica: asintomática, siendo las pruebas anteriores son positivas.
- Latente: en un momento determinado, no se presentan síntomas y la mucosa intestinal es normal, a pesar de la ingesta de gluten. Existen dos variantes:
- Tipo A: diagnosticada en la infancia, recuperación por completo.
- Tipo B: mediante la realización de un estudio se observa que la mucosa intestinal es normal. No obstante, la enfermedad se desarrolla poco después.
- Potencial: a pesar de que las pruebas sean negativas y no muestre síntomas, el paciente posee una predisposición genética que eleva sus probabilidades a un 13% (sintomática) y 50% (latente).

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